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Los que “militan” la cuarentena como una política de gobierno infalible, a la que no se la puede discutir ni cuestionar, tienen su espejo invertido en los que militan la anticuarentena ya, como si la correcta decisión que tomó en su momento el Presidente no hubiera servido para nada. En el medio, la realidad se impone por sí sola, sin necesidad de detenerse en ninguno de los lados de la nueva grieta.

El ministro de Salud de la provincia de Buenos Aires, Diego Gollán, el mismo que publicó en su cuenta de tuiter el estigmatizante mapa donde la Ciudad de Buenos Aires aparece en rojo con un texto que sugiere que el virus se irradia desde allí al resto de la Argentina, ahora afirma que no revela las cifras de contagiados de cada barrio vulnarable porque implicaría estigmatizar a esos vecinos. Sería muy gracioso si no resultara tan triste. El Presidente Alberto Fernández fue ayer a visitar la fábrica de autos japoneses Toyota, al mismo tiempo que repite que levantar la cuarentena no va a hacer crecer la economía de la noche a la mañana. En verdad, la apertura de Toyota, de Volkswagen, el actual funcionamiento de los hipermercados y de muchos otros grandes centros de fabricación y distribución de productos, son ejemplos claros de cómo se puede ir flexibilizando la cuarentena, con independencia de la necesidad de hacer muchos miles de testeos. Es decir: muchos más que los que se hacen ahora, para saber dónde estamos parados. ¿Y cómo se podría ir saliendo? Con planificación y organización. Contando con la responsabilidad social de cada uno de los argentinos, en los barrios pobres y en los barrios más acomodados; en las ciudades y en los distritos del interior de cada una de las provincias. Ya se sabe que es mejor para el presente y el futuro político de quienes tienen la responsabilidad de administrar, que te vean como un padre protector que como un líder arriesgado. Pero alguien, en el gobierno nacional, pero en la Ciudad y en la provincia también, debería estar pensando en el día después de la pandemia. Porque ese día llegará, y podría ser muy malo.

comentario de Luis Majul en CNN Radio