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(texto de la columna de Luis Majul en el programa +Voces por La Nación Más del 29 de septiembre de 2021) ¿El kirchnerismo y su jefa, Cristina Fernández están entrando en un estado de descomposición? ¿Le están empezando a perder el miedo? Veamos. Se le acaba de animar, a la jefa, nada más y nada menos que uno de los intendentes más sumisos, el de Escobar, Ariel Sujarchuk, quien, además de cuestionar la estrategia del cambio de gabinete nacional, también criticó, sin nombrarlo a uno de sus favoritos, Axel Kicillof, y pronosticó que la derrota era casi irreversible.

Hace horas, otros dos intendentes, enviaron una señal de rebeldía. Uno en ejercicio, Fernando Gray, de Esteban Echeverría; el otro en uso de licencia, y ocupando el ministerio de Desarrollo Social, Juanchi Zabaleta, de Hurlinghan, se tomaron una foto con un mensaje inquietante. Mostrando los huevos de la lamada gallina araucana. Y los presentaron como los huevos “más grandes del conurbano”.

Gray y Zabaleta fueron los únicos que, en su momento, se le plantaron a Máximo Kirchner cuando intentó llevarse puesto al PJ de la provincia. A Gray, en especial, le encanta enviar señales a través de las imágenes.

Un día armó un spot titulado Yo me planto.

Y otro día de subió a la terraza del edificio del ministerio de Desarrollo Social, el que tiene la imagen de Evita, y armó un spot contra Máximo y Cristina.

Pero ayer, de nuevo Cristina, poco estratégica, debilitada, un tanto desesperada, envió un par de tuit, ya no contra Macri, sino contra toda su familia, incluida la madre del ex presidente.

Esa no parece Cristina.

Parece alguien que se come la curva y se mete en el barro.

En serio.

Eso era algo que, en otro contexto, le encargaba a sus esbirros, como diría Victor Hugo Dos Morales.

Gente como Rodolfo Tailhade o el senador y mayordomo político, Oscar Parrilli.

Pero ella está perdiendo el foco, en un contexto de pandemia, con más de 115 mil muertos, una crisis económica cada vez más profunda, el dólar subiendo y casi sin techo, y un estado de ánimo abiertamente contrario a la oligarquía gobernante de la que ella es una fiel representante.

Pero atenti: ya se había empezado a notar la pérdida de olfato político de Cristina al final de la campaña, cuando la emprendió, de nuevo, ella misma, y no a través de su grupo da tareas sucias, contra María Eugenia Vidal, en un terreno en el que claramente pierde: el de la corrupción.

¿Te acordás?

El domingo, en el pase entre Especial domingo y La Cornisa, la primera candidata a diputada por La Ciudad, le respondió con energía.

¿Qué le estará pasando a Cristina?

¿Habrá entrado en crisis?

¿Estará empezando a tomar conciencia de que se le viene la noche?

Tuvo que recurrir a alguien que desprecia, Juan Manzur, para evitar ser nuevamente derrotada en distritos claves, como Chubut, Santa Fe y La Pampa, con el objeto de para mantener el quorum en el senado.

Tuvo que intervenir la comarca de uno de sus preferidos, Axel Kicillof, para evitar que los barones del conurbano le vuelvan a dar la espalda, como en las últimas PASO.

Y un detalle doméstico: sus vecinos del departamento de Juncal y Uruguay se quejan porque dicen que cada día grita más, y se la escucha muy enojada. Parece que no encuentra la llave para dar vuelta la elección.

Ahora, igual que pasa con Alberto, ya nadie teme enrostrarle en la cara sus contradicciones, como la defensa de la salud pública mientras ella y sus ministros se atienden en clínicas privadas. O el apoyo irrestricto a los barra brava. Los mismos que hacen destrozos en Rosario, en Racing y en Independiente. Y que según el ex titular la de ApreVide (Agencia de prevención de la Violencia en el Deporte), no son ajenos a su hijo, Máximo Kirchner.

¿Estamos asistiendo al final de una era política? ¿Està empezando a encontrar limites el famoso vamos por todo? ¿Se le está empezando a perder el miedo?