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Una nueva denuncia por “extorsión, usurpación,  atentado contra la libertad de trabajo, privación de la libertad y autoría mediata en aparatos de poder”, entre otros delitos, compromete seriamente a Hugo Moyano, secretario general del Sindicato de Choferes de Camiones. También a parte de la comisión Directiva del gremio.

La cuarentena era una palabra que, al principio, todos los argentinos pronunciábamos con orgullo porque representaba el sinónimo de la lucha contra el COVOD-19. Empezó a ser sospechada cuando parte de la oposición argumentó que el Presidente y el gobierno se habían enamorado de la palabra y de la medida también. Hubo algunos infectólogos, cercanos al oficialismo, que la defendieron y la militaron, y hubo otros especialistas que advirtieron, también desde el principio, que se trataba de una herramienta sin repuestos, y que cuando se gastara no se podría usar más.

La verdadera reforma judicial no es el proyecto que presentó el gobierno en un acto oficial. La verdadera es la que hacen Cristina Fernández, Cristóbal López, Oscar Parrilli y Hugo Moyano casi todos los días, presionando a distintos fiscales y jueces, a través de los medios y en forma privada también. La vice quiere voltear, sin demasiado protocolo, a Leopoldo Bruglia, el camarista que le ordenó a la jueza María Servini de Cubría poner un límite a la búsqueda de mensajes en el teléfono de Darío Nieto, quien fuera el secretario privado del expresidente Mauricio Macri.

Si en las próximas horas se convierte en ley el proyecto de moratoria que ya tiene media sanción de Diputados, se consumará uno de los escándalos impositivos y de corrupción más graves de la Argentina. Porque se estará garantizando amnistía e impunidad a los dueños de un grupo económico que se apropiaron mil millones de dólares del Estado, compraron 170 empresas con ese dinero malhabido y ahora van a salvarse de la quiebra y además embolsar 100 millones de dólares incautados y depositados en un juzgado.

Horacio Rodríguez Larreta se acaba de recibir de "nuevo equilibrista de la Argentina". A su antecesor, Alberto Fernández, la presión de su vice, Cristina Fernández, lo terminó por hacer trastabillar. Ahora el Presidente es un albertista sin partido, o a un cristinista obligado por las circunstancias. En todo caso, su papel se está empezando a diluir entre la cuarentena eterna y las obsesiones de Cristina Fernández.

No hay casi nada que haga Cristina Fernández que no sea de prepo.

A continuación la columna editorial completa de Luis Majul en la edición de hoy de La Cornisa TV: "A Cristóbal López y a Cristina Kirchner se les viene la noche".

La vicepresidenta se montó en su demanda contra Google para hacernos creer a todos que es una santa y que la justicia protege al expresidente Mauricio Macri aún fuera del poder.

(Columna publicada en Diario La Nación) Cuando la vicepresidenta avanza, el Gobierno, pero también el país, retrocede varios casilleros. Sucede lo mismo a la inversa: cuando Cristina retrocede o no se puede salir con la suya, las cuestiones del Gobierno y el país avanzan. Empiezan a salir las cosas bien. Analicemos, con detenimiento y sin espíritu de grieta, el acuerdo con los acreedores privados.

El Presidente Alberto Fernández funciona como el gerente que opera la grieta. La Dueña de la grieta es la vicepresidenta, y su círculo de incondicionales, entre los que se encuentran, con diferentes estilos, desde Oscar Parrilli hasta Máximo Kirchner. Pero el jefe de Estado la saca a relucir cada tanto, con el único objetivo de evitar el enojo de Cristina.