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A continuación el audio completo de la columna de hoy de Luis Majul en Radio Rivadavia en su programa "Esta mañana": “Cristina quiere que Alberto indulte a Milagro Sala y Amado Boudou”.

La muerte de Carlos Menem, al kirchnerismo en general, y a Cristina en particular, no le sienta bien. En 1995, el entonces gobernador Néstor Kirchner, presentó a Menem en un acto, en El Calafate, como el mejor presidente de la historia. Es imperioso recordar el contexto: se había privatizado YPF y Kirchner hacía tiempo que venía usufructuando las regalías petroleras que más tarde serían recordadas como los famosos “fondos de Santa Cruz”. (los mismos fondos que superaron los mil millones de dólares y que se fueron evaporando mientras crecían las sospechas de corrupción).

Los audios que acabamos de escuchar son tóxicos. Vomitivos. Hay que dar el crédito a Camilo Cagnacci de PeriodismoyPunto, porque los consiguió. Pero eso no evita la repugnancia por el hecho. Para que se entienda bien: se trata de dos espías de la AFI, quienes, a principios de febrero de 2019, todavía en actividad- traicionando su obligación de defender al Estado de la Nación bajo el gobierno de Macri- ofrecieron al abogado de Hugo Moyano, una “solución” inmoral (y también ilegal) para los problemas que su hijo Pablo tenía (y sigue teniendo) con la justicia.

No es la inflación importada, la obsesión de los argentinos por el dólar, la ambición desmedida de los sojeros y el resto de los actores del campo, o la supuesta picardía de los repositores de los hiper que atacan a los productos con la maquinita de remarcar precios.

Pasa más tiempo en los pasillos de los canales de tv, frente a los móviles, o atendiendo a los programas de radio, que solucionando los problemas reales de la inseguridad en la provincia. Es tan caradura que usa parte de los fondos públicos que Alberto, Cristina y el gobernador Kicillof le quitaron a la Ciudad para financiar su campaña proselitista, y ni siquiera se molesta en ocultarlo.

Ciertos sindicalistas que dicen representar a todos los maestros, pero hablan solo por algunos, no aprenden más. Son unos verdaderos “maleducados”.

Mientras vamos derechito hacia los 50 mil muertos y más de 2 millones de contagiados, en el medio de una campaña de vacunación demasiado lenta, una inflación en ascenso, uno de los índices de pobreza más altos de la historia, una abrupta caída del salario y de las jubilaciones y el temor de que el dólar se vuelva a disparar, en el gobierno parecen más preocupados en manipular la fecha de las elecciones, con el objetivo de evitar una derrota, que en llevar alivio para algunos de los gravísimos problemas que tiene la Argentina.

Ayer fui al supermercado. Es algo que suelo hacer cada tanto, en especial para comparar el precio y la calidad de los productos que compro siempre. Es una experiencia que le recomendaría repetir al presidente Alberto Fernández, la vicepresidenta Cristina Fernández, y también a los líderes de la oposición, porque no. Entiendo que Alberto y Cristina están demasiado ocupados en sus asuntos. Tratar de postergar las elecciones uno, poner a jueces amigos y tratar de cobrar las dos jubilaciones de privilegio y un retroactivo de mas de 100 millones de pesos la otra, aunque ahora tendrá que esperar, porque el juez hizo lugar a la apelación presentada por un particular. La voy a hacer bien corta, para no aburrir: compré cuatro “pavadas”. Gasté casi 1.600 pesos.

(Columna publicada en Diario La Nación) Solo una anomalía institucional o un "golpe no tradicional" podrían ayudar a la vicepresidenta a salir del laberinto judicial en el que se encuentra. Un año y nueve meses después de haber ungido a Alberto Fernández candidato a presidente, ella todavía le reprocha "falta de voluntad política" para ayudarla a lograr su impunidad. Más: Cristina se siente, en este aspecto en particular, profundamente defraudada por su compañero de fórmula.

Mientras los argentinos seguimos angustiados, en el medio de la pandemia, una campaña de vacunación contra el COVID cuyo ritmo es demasiado lento, una inflación galopante que ya es una de las más altas del mundo, y un aumento en los casos de inseguridad que se ocultan o se disimulan, Cristina Fernández sigue atrapada en su laberinto judicial, y en los próximos días retomará su agenda personal, obsesiva y de espaldas a las necesidades de la gente.