He leído, primero con sorpresa, y finalmente con tristeza, tu desenfocada columna de hoy, titulada “Reporteando a Macri”. Como me involucra, me tomaré el atrevimiento de responder con otra nota, más o menos de la misma extensión, bajo el título de “Desenmascarando a Fontevecchia”. Por supuesto: te pido expresamente que tengas la amabilidad de publicarla, si es posible, mañana mismo, domingo 25 de marzo de 2018. De cualquier manera, en este mismo acto, libero los derechos de este texto para que cada medio la tome como propio, si es que la considera de su interés. Pero además, Jorge, me gustaría que tomaras esta cartita con humor. De hecho, jamás escribiría como vos. Nunca titularía con un gerundio. En la mayoría de los casos el uso del gerundio, en especial para los títulos, denota falta de creatividad. O carencia de imaginación. Y no es la primera vez que lo hacés. Te recomiendo que salgas de tu laberinto egocéntrico. Pero no quiero que lo tomes personal ¿si? Mejor vayamos a lo nuestro.

Arrancaste mal, de entrada. Para justificar tu crítica a la última entrevista que le hice al Presidente, empezaste dando por hecho el prejuicio de que en la televisión “todo debe ser rápido-corto- “ y “sin posibilidades de repreguntas”. Ay, Jorge, si fuera profesor de la universidad donde los periodistas de Perfil dan clases te pondría un aplazado. Ni siquiera un 1. Un 0. Porque eso significa que no viste el reportaje. Y la primera obligación de un periodista para criticar un material es verlo, escucharlo o leerlo. La entrevista con Macri no fue rápida ni corta. Duró más de una hora. De hecho, fue más lenta y larga de lo habíamos previsto. Pocos reportajes de Jefes de Estado en el mundo se prolongan tanto. Además, el mano a mano contuvo más de 30 preguntas y más de la mitad de cada pregunta incluyó una repregunta. Jorge, no es que quiera faltarle el respeto pero ¡hiciste la Gran Victor Hugo! ¡Cometiste el gran error que tanto le criticaste! Lo que le atribuiste a su “narcisismo primario”. ¿Te acordás? Vos estabas ahí cuando el relator sentenció, en el medio de la presentación de El Dueño, que el texto estaba lleno de condicionales como sería y podría. ¡Y era porque no lo había leído! Pero no creas en mi recuerdo: volvé a leer El Dueño. Te va a costar encontrar un condicional. En serio. Y de paso mirá la entrevista con Macri. Por lo menos una vez. Vas a encontrar las mismas repreguntas incómodas con el mismo tono crítico. Temas como: mi cuestionamiento a su pensamiento de que “lo peor ya pasó”; sus errores de diagnóstico sobre la baja de la inflación y el crecimiento de la inversión; la aplicación de los tarifazos; la lentitud de la caída del déficit y el acelerado crecimiento del endeudamiento externo; le pregunté si le pediría la renuncia a Luis Caputo en caso de que no pueda justificar que le mintió a la OA y la AFIP al no declarar que era accionista de una compañía of shore; le dije también que Jorge Triaca tendría que haber renunciado. ¿Es necesario que te detalle aún más el contenido y el tono de mis preguntas? Le dije al Presidente que Luis María Etchevere había cobrado una dávida de medio millón de pesos y lo enmarqué en un acto de corrupción. Macri se enojó y se sintió incómodo cuando le planteé que su habilitación a discutir el derecho a abortar en el Parlamento parecía una cortina de humo. Y se puso peor todavía cuando le recordé aquel piropo virtual que hizo ante un periodista de una radio de Córdoba cuando ejemplificó: “Qué lindo culo que tenés”. También le pregunté por los temas de actualidad.

Los que en manual de los buenos periodistas entienden como imprescindibles. Es decir: Cristóbal López, El papa Francisco, Hugo Moyano y la famosa nave espacial imaginaria. Querido Jorge: los que vieron la nota en La Cornisa y después leyeron tu análisis no entienden qué fue lo que te pasó. Yo tengo mi propia hipótesis. Quizá fue una manera de decir, sin decirlo, que tus larguísimos reportajes son la piedra basal para hacer mejores entrevistas. ¿Querés que te sea sincero? Creo que ya es hora: algunas de tus interminables entrevistas son interesantes. Pero otras son un bodrio. De principio a fin. Se les nota demasiado el exceso de solemnidad y densidad. Esa necesidad imperiosa de citar cada dos o tres líneas a grandes pensadores de la humanidad para recordarle al mundo que sos culto y refinado. Sospecho que tu destemplada crítica, pocos días después de haberme invitado a almorzar a Perfil para entrevistarme como “una de las voces relevantes del periodismo” y como parte de una tesis que preparas en la UBA, hablan mucho más de vos que de mí. No te estoy leyendo mucho últimamente. Pero me dice gente que te quiere que parecés más dedicado a hacer “gendarmería de periodistas” que a ofrecer tu opinión argumentada y cabal sobre los grandes problemas que tiene el país.

¿Podremos conocer tu verdadera ideología de una vez por todas? Y hablando de hacer, además de pararte en el Olimpo y arrogarte la fórmula única de “Como se debe entrevistar a un presidente” ¿Por qué no vas y se la hacés? Hay que insistir, pero creo que no correría ningún riesgo con vos: no parecés un preguntador que pudiera poner incómodo, en general, a nadie. Siempre mejor que decir es hacer. ¿Ya empezaste a hacer funcionar las dos emisoras de radio que obtuviste hace tanto tiempo o seguís pasando música? En aquella presentación de El Dueño, vos me pusiste la mano sobre la rodilla, para que no me levantara y le respondiera a Morales de manera intempestiva. Nunca me voy a olvidar del diagnóstico psicológico que le aplicaste. A propósito de eso: ¿Cómo andas vos de tu incipiente narcicismo primario?

LUIS MAJUL