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Ya no queda ninguna duda. Sergio Massa será más presidenciable a partir de hoy. Y lo será todavía más si no comete el error de dar "por muerto" a Daniel Scioli. Mauricio Macri, por su parte, podrá generar expectativas presidenciales si toma el histórico triunfo de Gabriela Michetti y la victoria de Sergio Bergman sobre Elisa Carrió como el piso desde donde potenciar su caudal electoral. Pero para llegar a la segunda vuelta en 2015 necesita demasiadas cosas. Entre otras: hacer pie en la provincia de Buenos Aires, convencer al resto del país de que su gestión en la Ciudad debe ser entendida como ensayo para gobernar el país y, además, tener la suerte de que el peronismo vaya dividido en tres partes, y le permita así llegar al ballotage.


El gobernador de Córdoba, José Manuel de la Sota, otro de los ganadores de esta competencia electoral, será un actor importante a la hora de contar "los porotos". Lo mismo corre para Julio Cobos, contundente ganador en Mendoza, o Hermes Binner, después de su amplio triunfo en Santa Fe. Ellos tendrán que definir si van a una interna convocada por las fuerzas que integran o si aceptarán la propuesta de la debilitada Carrió de repetir el mismo mecanismo de UNEN en la Ciudad para la Nación: que lo decida la gente en las PASO de agosto de 2015. Pero lo más importante, a partir de hoy, no es la clásica lista de ganadores y perdedores sino qué pasará con la Argentina y con el gobierno nacional. Es decir: qué tipo de administración encabezará Cristina Fernández una vez que termine su reposo médico. Más allá de cualquier especulación, se sabe que la Presidenta se recupera bien. Y que sus hijos, Máximo y Florencia, le pidieron que no repitiera la historia de su padre. Esto no quiere decir que interrumpa su mandato. Significa que le pidieron que no le ponga "todo el cuerpo a la política". O "toda la energía a las cuestiones de gobierno".


El doctor Facundo Manes, de la Fundación Favarolo, también insistió en ese punto. Y Luis Buonomo, responsable de la Unidad Médica Presidencial, le recordó, en el mismo sentido, que el expresidente murió como producto del estrés, y que "no hay una pastilla contra eso". Cómo se traducirá en términos políticos esta sugerencia, todavía en una incógnita. Y la incertidumbre incluye, también, desde la posibilidad de llevar el dólar turista al precio del paralelo hasta un profundo cambio de gabinete. Una modificación, con el objetivo de mostrar que Cristina escuchó el mensaje de las urnas. Ella no puede ser reelecta, pero todavía conserva una muy alta imagen positiva y la capacidad de "bendecir" al candidato qué más le guste. No es poco en el medio de semejante fragmentación.

 

Publicado en El Cronista