(columna publicada en El Observador el 11 de febrero de 2024) El presidente Javier Milei ya lo tiene decidido: pedirá más renuncias dentro y fuera del gabinete, le propondrá a Mauricio Macri una “fusión orgánica” entre La Libertad Avanza y Pro y alentará más denuncias con nombre y apellido contra los políticos “de la casta” que usen el presupuesto para satisfacer intereses personales.

Milei espera un informe detallado que incluirá una nueva lista de los diputados que se opusieron a los artículos en particular de la ley ómnibus, otra nómina de dirigentes y diputados y senadores de Pro dispuestos a conformar una nueva coalición con La Libertad Avanza y los presupuestos detallados de cada una de las provincias cuyos gobernadores alentaron la oposición al paquete de “Bases”.

Durante las últimas horas, el presidente hizo caso omiso a dos corrientes que lo tironean para un lado y para el otro. Una es que le intenta “llenar la cabeza” diciéndole que Macri, a sus espaldas, habla muy mal de altos funcionarios de su gobierno, como el jefe de gabinete, Nicolás Posse y el ministro del Interior, Guillermo Francos. “No me van a hacer pisar el palito: con Mauricio tenemos un diálogo fluido. No hablamos de funcionarios buenos o malos ni
cambiamos figuritas. Él y yo estamos más allá de eso”, le oyeron decir.

Otros son los que tratan de operarlo para que desplace a Francos y también al presidente de la Cámara de Diputados, Martín Menem, por lo que consideran un fracaso de las propuestas del Ejecutivo en el Parlamento. “Eso tampoco va a pasar” dijo, en privado, a otro periodista, en Roma.

Milei le acaba de confirmar a Marcelo Bonelli que Francos está más firme que “rulo de estatua”. Y, en privado, les anticipó a varios periodistas que Menem seguirá presidiendo la Cámara de Diputados, porque para él está haciendo un trabajo monumental, y en línea con lo que se le pide.

Al mismo tiempo, confirmó que pedirá más renuncias. En realidad, está esperando un informe de sobre el funcionamiento de las segundas y las terceras líneas de toda la administración. Después de recibido, solicitará el despido de quienes no hayan avanzado en la gestión. El presidente instruirá al jefe de Gabinete para desplazar, en cada uno de los ministerios, organismos descentralizados y empresas estatales, desde el Correo Argentino hasta AYSA, pasando por Aerolíneas, el PAMI y la Anses, a “topos” de La Cámpora o funcionarios que puedan estar vinculados a Sergio Massa o Cristina Kirchner.

La fusión con Macri

Macri está en línea con Milei. Supone que primero será ungido presidente de Pro el 19 de marzo. Y después avanzará en conversaciones más formales y ordenadas con el jefe de Estado.

El ex presidente está tratando de espantar a “los fantasmas que asustan a Milei”, advirtiéndole que el desembarco de Macri sería “más de lo viejo”. Como un segundo tiempo de un proyecto que no terminó de resultar. Desde Cumelén, Macri dice a quienes le preguntan que él no quiere “poner ni sacar a nadie”. Que sólo aconsejará al ex presidente cuando éste le pregunte. Pero quienes lo conocen bien, comentan que Macri no entiende, por ejemplo, que se haya mantenido en la AFIP a directores que respondían a Ricardo Echegaray. O que hayan desperdiciado la experiencia de María Eugenia Talerico en la Unidad de Información Financiera, el organismo que investiga delitos vinculados con el lavado de dinero. O que Diego Carbone, el ex jefe de la custodia de Cristina Kirchner, haya quedado a cargo de toda la Unidad de Custodia a nivel nacional.

“No hay un pacto ni con Cristina ni con Massa. Sólo hay diferentes maneras de abordar ciertos temas. Y eso no tiene que molestar a nadie” argumentaron fuentes muy cercanas al presidente Milei.

La prueba de que el presidente no está casado con nadie, dicen las mismas fuentes, fue el pedido de renuncia a Osvaldo Giordano y Flavia Royón. Se suponía que Giordano era un funcionario que respondía al ex gobernador Juan Schiaretti y al actual gobernador de Córdoba, Martín Llaryora. Su mujer, la diputada nacional Alejandra Torres, había votado en contra de varios artículos contenidos en la ley de Reforma del Estado.

Se suponía también que Royón respondía al gobernador de Salta, Gustavo Sáenz, un hombre de Sergio Massa. Y diputados de Salta que responden a Sáenz también votaron en contra de algunos artículos en particular.

Desde la administración nacional consideran a ambos desplazamientos parte de una decisión muy oportuna. Entienden que, después de esta señal, todos los gobernadores van a poner las barbas en remojo.

La reacción de los gobernadores y el peronismo

Entre los gobernadores, en cambio, hay sorpresa y estupor. El de Córdoba, Llaryora, está enojado no sólo con Milei, sino también con muchos de sus pares. Dice que lo mandaron al frente, y que después lo dejaron solo.

El de Santa Fe, Maximiliano Pullaro, piensa más o menos lo mismo que Llaryora. Dice que él está haciendo el ajuste, pero que no se pueden quitar o poner de la noche a la mañana partidas que habían sido destinadas para completar el salario docente, o el subsidio al boleto de colectivos. Que hay que volver a sentarse en una mesa, barajar y dar de nuevo.

Jorge Macri tiene otras prioridades: pelea para que le devuelvan a la Ciudad el porcentaje de coparticipación que le quitó Alberto Fernández para dárselo al gobernador Axel Kicillof. Y espera, con mucha cautela, porque considera que en los próximos dos meses se sabrá si el gobierno nacional empezará a domar la inflación en el medio de la más brutal caída de los ingresos desde 1983.

En el fondo, todos miran al ministro de Economía, Luis Caputo. Pero parece que Caputo tampoco quiere negociar con nadie, porque siente que no necesita ni la ley ómnibus ni la plena vigencia del DNU para llegar a la meta de corto plazo: bajar la inflación hasta llegar al déficit fiscal cero, pero sostenido en el tiempo.

Para sorpresa de todos, en especial de los kirchneristas que ven al gobierno muy complicado antes de abril, la ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner vaticinó, a través de uno de sus periodistas preferidos, que cree que Milei y su equipo lo lograrán.

La revelación de Roberto Navarro cayó como una bomba atómica en el peronismo. Ni Máximo Kirchner ni Axel Kicillof, por ejemplo, saben ahora donde ponerse, ni qué línea empezar a bajar.

Por Luis Majul

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