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El gobernador de la provincia de Buenos Aires, Daniel Scioli, se pasó la semana dando y recibiendo buenas noticias. Las buenas noticias que recibió fueron tres. Una: que habría subido unos puntos en las encuestas, aunque dentro del "margen" de error y del "triple empate" con Mauricio Macri y con Sergio Massa. Dos: uno de los más importantes dirigentes de La Cámpora le dijo que, aunque va a demorar en hacerlo público, la Presidenta, al final, lo va a apoyar, porque es la única manera de conservar algo de poder que el Frente para la Victoria acumuló en los últimos doce años. Y tres: que la mayoría de los gobernadores e intendentes del Partido Justicialista van a hacer lo mismo, por una cuestión de supervivencia "territorial".

Y la buena noticia que está dando Scioli, de su propia boca, aunque con la prudencia habitual que lo caracteriza, es que sus economistas le dicen que habrá acuerdo con los holdouts y que ese arreglo impactará de manera positiva en la economía del país. "2015 podría ser mejor que 2014, y los agoreros que quieren que todo explote perderán votos e imagen positiva" interpretó un hombre de Scioli que habla de manera constante con él.

El gobernador no parece preocupado por la candidatura del ministro de Interior y Transporte, Florencio Randazzo. Lo único que pide es que la Presidenta se mantenga neutral, y no le brinde una adhesión capaz de desequilibrar el juego de las PASO.

Cerca de Randazzo sostienen exactamente lo contrario. Afirman que la Presidenta va a terminar dándole un fuerte apoyo, porque consideraría que, más allá de cualquier diferencia, el ministro sería "la efectiva garantía" de "continuidad para las cosas que se hicieron bien". Y agregan otro elemento que consideran determinante: "Daniel es un hombre que juega en sintonía con los grupos mediáticos y económicos. No dudaría en entregar la cabeza de Cristina con tal de mantener una relación aceitada con los Dueños del Poder".

Es más un discurso "para la interna" que pensando en los argentinos. Un discurso que persigue la adhesión de los cuadros de La Cámpora, Unidos y Organizados y todas las agrupaciones que gozan de la bendición presidencial. Los gobernadores y muchos intendentes del conurbano se están empezando a preocupar por la insistencia de Randazzo en competir, más allá del resultado. Son los que perciben a las primarias como una verdadera primera vuelta electoral. Temen que si Scioli no "va solo", como único candidato del Frente para la Victoria, los votos de los "propios" como el ministro del interior, o los posibles candidatos Sergio Urribarri, Julián Domínguez o Aníbal Fernández terminen desdibujando y diluyendo la oferta electoral del oficialismo.

"¿Qué pasa si Daniel queda tercero en la suma de votos, detrás de Macri y de Massa, aunque salga primero dentro de nuestro espacio? ¿Y si la sociedad interpreta a las PASO como una primera vuelta y le da en el siguiente turno todos los votos al primero y el segundo en las primarias?", se preguntó un intendente del conurbano con decenas de elecciones encima. De inmediato se contestó: "Sería un verdadero desastre para todos nosotros. Perderíamos provincias, bancas de diputados y senadores nacionales. Y quedaría muy resentido nuestro poder territorial. Nos estancaríamos como tercera fuerza electoral, detrás de los dos primeros y con muy pocas posibilidades de influir en las grandes decisiones del país".

Semejante lectura choca, a primera vista, con la estrategia "maquiavélica" que le adjudican a la Presidenta. Según un ministro que le responde de manera incondicional, la jefa de Estado va a demorar todo lo que pueda el apoyo explícito a cualquier candidato. Y hasta es probable que se mantenga neutral hasta horas antes de la celebración de las PASO, en agosto del año que viene. "Cristina es valiente y siempre dice lo que piensa, pero no come vidrio. Cada gesto o cada guiño hacia uno de los postulantes, por más imperceptible que sea, anticipa el futuro y le quita un poco de poder. Por eso, hasta que llegue el instante fatal en que los mozos de la Casa Rosada y los de la Quinta de Olivos no respondan a su pedido de que le traigan el café, ella va a hacer todo lo posible para mostrarse como la dirigente imprescindible. Como la persona por la que pasan todas las decisiones".

La maratón de leyes estructurales que impuso el gobierno a través del Parlamento y que afectarán la vida cotidiana de los argentinos por los próximos veinte, treinta o cuarenta años, tienen la misma lógica. Se trata de un triple juego, en simultáneo. Uno: sobreactuar el ejercicio del poder al máximo, para que nadie piense que ya está ida o que huela su real debilidad. Dos: plantar una bomba de tiempo a su sucesor, para que tarde por lo menos dos años en desarmarla y otros dos años en tratar de gobernar. Y tres: influir en la vida cotidiana de las personas de manera efectiva, para que los libros de historia hablen de sus dos presidencias como una etapa de ruptura y cambio fundacional, en línea con lo transcendente que se siente ella misma. El único problema personal que tiene Cristina con Scioli es, precisamente, ese. No lo siente como alguien capaz de reivindicarla, reconocerla, homenajearla y celebrarla como ella cree que se merece. Lo percibe más proclive a ignorarla, olvidarla y eventualmente, pasarla por encima, si en determinado momento pone en riesgo el proyecto de poder del gobernador que ahora quiere ser Presidente. Ella y el expresidente fueron expertos en la materia "deslealtad y traición".

A Carlos Menem, en cuanto pudieron, lo bajaron a la categoría de "mufa" después de haberlo considerado "el mejor presidente de la historia " y de haber integrado una y mil veces las boletas electorales encabezadas por el riojano cuando era imbatible. El ex presidente Eduardo Duhalde pasó de ser el facilitador de la candidatura de Néstor al Padrino de la película protagonizada por Marlon Brando y Al Pacino. Esperar de Scioli algo diferente, después de humillarlo, presionarlo y ningunearlo, sería pecar de ingenuidad. Y la Presidenta puede ser cualquier cosa, menos ingenua.

Publicado en El Cronista