Majul 107.9

En las últimas horas ocurrió un hecho muy curioso, que tuvo como protagonista al senador Eugenio Nito Artaza pero que revela el escandaloso toma y daca que sigue practicando este Gobierno para lograr un voto a favor.

Insistentes versiones sostenían que Artaza había recibido un extraño llamado del ministro de Economía, Amado Boudou, horas antes de la sesión que el jueves pasado se iba a desarrollar en el Senado para rechazar el pliego de Mercedes Marcó del Pont. El llamado era extraño porque, según la información, Boudou no quería hablar de la obra que Artaza produce en el teatro Broadway sino de la delicadísima situación financiera que sufre la provincia de Corrientes, por la que fue elegido senador. Las versiones afirmaban además que Boudou había insistido para que se encontraran de inmediato, y antes de que el senador ocupara su banca en el recinto. Al hecho lo confirmaron horas después los senadores Luis Juez y la diputada nacional Elisa Carrió, quienes interpretaron que el Gobierno había tratado de seducir al político y humorista y que había esgrimido para eso el argumento de que “Corrientes se incendiaba, y necesitaba la ayuda de la caja del Estado Nacional”. Sin embargo, el verdadero protagonista, Artaza, cuya generosidad con los periodistas que requieren sus declaraciones es casi absoluta, no había dicho "ni mu".

Cerca de las cuatro de la tarde del último viernes, la producción del programa de radio donde trabajo lo encontró, pero Artaza pidió no mantener un diálogo público sino una conversación privada con quien esto escribe. En esa conversación, el senador confirmó todo: la llamada de Boudou, su intento de seducción política, la fuerte presión que tenía para no divulgarla y las amenazas que había recibido de sus correligionarios de la propia provincia de Corrientes. “Me dicen desde el gobierno de mi provincia que si confirmo la conversación, los Kirchner son capaces de no darle a Corrientes la plata que le corresponde. Tengo miedo de que me responsabilicen de producir un estallido social porque, de veras, Corrientes se está por incendiar”, me confesó.

Corrientes está en rojo furioso. Tiene uno de los índices de pobrezas más altos de la Argentina. Desde hace más de un mes, cuando la oposición empezó a hacerse fuerte en el Senado, el gobierno central le viene reteniendo 30 millones de pesos por semana para cobrarse una deuda que la provincia mantiene con la administración central.

A Nito Artaza lo conozco desde muchos años, pero nunca lo había escuchado tan asustado. Antes de terminar la comunicación me confesó que el gobernador Ricardo Colombi le había pedido que no hablara con los medios durante 24 horas, porque estaba negociando el envío de fondos para la provincia. “No puedo salir ahora, pero te autorizo a contar todo lo que te acabo de decir”, me pidió, casi en estado de desesperación. Le expliqué que lo haría, pero que lo pondría en su boca. Mi interlocutor dio otra vez el sí. Artaza además se comprometió a grabar una nota para la televisión el sábado, a las 19 horas. El objetivo era que hiciera público los términos de la conversación con Boudou.

Artaza lo aceptó de inmediato. Sin embargo, el sábado al mediodía, su jefe de Prensa, en nombre del propio senador nacional, desarmó la cita. Enseguida dejé un mensaje al propio Artaza para recordarle su promesa. Entonces me devolvió el llamado y me volvió a manifestar la enorme presión que estaba sufriendo. Al final reconfirmó el encuentro para las 20 horas en el teatro.

A las 21 horas ni su jefe de Prensa ni nadie lo encontraba por ningún lado. Entonces le comuniqué a su colaborador que la situación se estaba enrareciendo demasiado y que estaba dejando de ser una nota para transformarse en un hecho político. A los pocos minutos, Artaza me volvió a llamar para decirme que “se le había hecho tarde” y que estaba a punto de llegar al Broadway. El equipo de La Cornisa TV volvió, lo entrevistó y allí el senador, al final, confirmó la extraña conversación con el ministro. Además, volvió a pedir que tuviéramos “mucho cuidado”. La razón de fondo de su prevención está en la agenda del gobernador de Corrientes: hoy llegará a Buenos Aires, casi tan desesperado como Nito, para pedir una ayuda que le corresponde y que el gobierno todavía no le da.

Artaza me dijo por lo menos diez veces que le respondió a Boudou que no le parecía ético sentarse a conversar a horas de discutir el pliego de Marcó del Pont. Repitió siempre que va a votar con la oposición y que jamás va a modificar su postura, por más dinero que le ofrezca el Estado Nacional a su provincia.

Si el senador no miente, la responsabilidad sobre la reacción social que pueda aparecer en Corrientes no será sólo, entonces, de las autoridades provinciales, sino también de los funcionarios de la Nación.

El relato de este suceso no tiene la intención de convertir en víctima angelical a la oposición. De hecho, sus principales líderes han demostrado que no están a la altura de las circunstancias. Que son protagonistas de una hoguera de vanidades de la que Kirchner saca provecho casi todos los días. Que no están preparados para ponerle límites al oficialismo porque lo único que les importa, a la mayoría de ellos, son sus asuntos personales y no que le vaya mejor al país.

Y una cosa más: está claro que el uso de la caja para "comprar" votos no es ninguna novedad, pero eso no lo hace menos repugnante.