¿Puede Néstor Kirchner volver a ser Presidente? El enorme y persistente aparato de comunicación del Estado quiere crear la sensación de que se trata de algo inevitable, mientras los líderes de la oposición revisan encuestas, desconcertados.

Es verdad que la imagen positiva del ex presidente creció un poco, y que la negativa sigue estancada en niveles superiores al 70 por ciento. También es cierto que el kirchnerismo cumple con éxito la misión cotidiana de esmerilar a todos sus eventuales competidores para tratar de que lleguen tan devaluados como su jefe a la competencia electoral.

No se debe minimizar el fuerte impacto en el consumo que generó, en un primer momento, la asignación por hijo. Y tampoco se puede subestimar el efecto que implica la publicidad oficial en los partidos de fútbol que se juegan casi todos los días, con niveles de audiencia muy altos y que abarcan todos los estratos sociales: desde los más pobres hasta los de más alto poder adquisitivo.

El primer paso del operativo retorno ya está cumplido. Hasta hace muy poco, nadie lo admitía como una posibilidad seria. Pero ahora mismo encuestadores como Eduardo Fidanza, de Poliarquía, o Julio Aurelio, de Aresco, entienden que es demasiado apresurado "darlo por muerto" político. Y analistas políticos muy serios aceptan que, con la oposición fragmentada y los recursos de Kirchner para intentar un triunfo en la interna del Partido Justicialista, lo colocan en un lugar inmejorable antes de que la carrera esté por comenzar.

Con este impulso, el ex mandatario ya empezó su particular campaña electoral. De ahora en más, las visitas a Olivos de gobernadores, intendentes y dueños de medios oficialistas y productores de televisión serán más repetidas. También se multiplicarán los ataques al grupo Clarín, sus periodistas y todos los medios y profesionales que no se consideren parte de la cruzada para que vuelva Néstor. La lógica del ataque es la misma de siempre: "Si hasta ahora nos funcionó bien, ¿para qué vamos a cambiar?".

El estado de euforia K sirve para convencer a ciertos dirigentes confundidos e indecisos, pero no ayuda a comprender la compleja realidad. La economía puede parecer sólida, pero el hartazgo y el rechazo que provocan las agresiones del kirchnerismo y sus aliados a los políticos, los jueces y los periodistas que no le chupan las medias es todavía mayor que el leve repunte oficial que se registra en las encuestas.

La ventaja de Kirchner es que hace política hasta cuando duerme. Y piensa en 2011 como si fuera mañana mismo. El operativo destrucción contra Julio Cobos todavía no llegó a su punto cúlmine. Un operador de la Casa de Gobierno tiene decenas de carpetas con información sobre los peores aspectos de su gestión cuando le tocó gobernar Mendoza. Y el plan para sacar a Mauricio Macri de la cancha grande recién empieza. Los hombres de Kirchner están seguros de que el jefe de Gobierno de la Ciudad será procesado por el juez Norberto Oyarbide. Suponen que cuando la información se publique en la tapa de los diarios la imagen del ex presidente de Boca caerá en picada, hasta hacer imposible su candidatura a presidente.

El ex primer mandatario no considera adversario competitivo a Ricardo Alfonsín, quien tiene una excelente imagen que no se corresponde con la intención de voto. Tampoco a Elisa Carrió, a quien vienen esmerilando desde 2003. Lo mismo sucede con Eduardo Duhalde, a quien le hicieron tanto daño como a Cobos y Carrió. En cambio, le preocupa bastante Fernando Pino Solanas, porque su candidatura a presidente le puede sacar votos decisivos. También Francisco De Narváez, porque si no logra que la Corte autorice su intención de ser candidato a presidente, es probable que el diputado nacional regrese al acuerdo que le permitió ganarle al Frente Para la Victoria el año pasado.

La reedición de aquella foto es la pesadilla de Kirchner. Incluso peor que la eventual candidatura de Carlos Reutemann. "El Loco" –como le dicen muchos de los funcionarios que trabajan junto a él– descuenta que Lole no podrá resistir una campaña electoral sucia. Mientras tanto, ya planea algunas "maldades" para ridiculizar a la "Maldita Alianza" que el año pasado integraron Macri, De Narváez y Felipe Solá. La gente que trabaja en esos menesteres ha descubierto que los carteles anónimos son muy efectivos: se imprimen unos cuantos, los medios los reproducen, se instala la sospecha y una semana después los voceros del gobierno repudian el hecho, para salvar las apariencias hasta el próximo ataque.

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